El deseo: ¿cuándo se convierte en añoranza?

Durante el proceso de crecimiento personal se trabajan muchos deseos, que nacen, se transforman y a veces hasta simplemente dejan de existir. Es algo normal y sano reevaluar los ideales que queremos alcanzar en la vida porque a medida que se produce nuestro cambio interior, esos ideales también evolucionan y es necesario replanteárselos para ver si están alineados con nuestro nuevo yo. Como dice el sabio refranero popular: cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir.

Los deseos son el gran motor de nuestra vida, siempre estamos deseando alguna cosa o varias. Por momentos esa ansia por conseguir lo que deseamos puede transformarse en una búsqueda presente a todas horas, casi obsesiva. Cuando todo nuestro mundo comienza a circular en torno a un deseo y creemos que solo si lo logramos seremos felices sin contemplar otras opciones, es que hemos cruzado la línea roja y estamos ante algo patológico que precisa resolver la raíz de esa inseguridad y necesidad de control.

El deseo es una gran brújula que hay que saber usar, para evitar efectos contraproducentes. 

Cuando un deseo se ha transformado en obsesión estamos más lejos de alcanzarlo que antes de desearlo.

En otras ocasiones nuestros deseos no llegan a concretarse o simplemente requieren más tiempo del que teníamos planeado, y comienza a nacer sin darnos cuenta un sentimiento de añoranza. La RAE define la añoranza como recordar con pena una ausencia, privación o perdida de alguien o algo muy querido. Ese sentimiento comienza a teñir nuestros días con tristeza y falta de esperanza hacia aquello que no está o no ha llegado aún a nuestra vida. Detrás de ese sentimiento hay un deseo que no hemos sabido escuchar, algo que nos ilusionó, que lleno nuestro corazón y no podemos borrarlo sin más, sin darle una salida adecuada.

Es clave respetar y oír la emoción de la añoranza y todas aquellas emociones que provengan de nuestros deseos no cumplidos, para no quedarnos atrapados en un estado de tristeza permanente que puede llegar a oscurecer nuestra visión del futuro.

Tanto para curar esa añoranza como para no permitir que los deseos se conviertan en algo obsesivo, te propongo que papel en mano, apuntes al principio de una hoja dónde estás en este momento respecto al deseo que quieres conseguir y al final de la hoja tu deseo.

En medio apunta todo aquello que te dices a ti mismo respecto a obtener este deseo: pensamientos, emociones, o sensaciones que te separan de tu meta: porqué crees que no puedes alcanzarla, qué te lo impide, qué es lo que te más miedo te da y qué crees que sentirás si lo consigues.  Obsérvate con honestidad, es muy importante que seas 100 % sincero contigo mismo.

Cuando hayas realizado este ejercicio, estarás en disposición de empezar a sustituir cada uno de esos impedimentos por una acción positiva de cambio. Algunos te supondrán más trabajo, otros menos, lo importante es pasar a la acción.

Puede ocurrir que durante el ejercicio te des cuenta que tu deseo ha cambiado, que ya no es tan importante para ti, si es así, enhorabuena por haberlo descubierto, te será de gran ayuda para replantearte que es lo que quieres de verdad.

Es preferible desear algo que haga feliz nuestro corazón a depositar gran parte de nuestra fuerza en aquello que en realidad, no deseamos.

 

 

 

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